Comunidades


Las personas son protagonistas del cambio

Las comunidades son la columna vertebral de cualquier barrio o localidad. Unirse para crear una comunidad energética aporta beneficios a todos los niveles: personal, grupal y local.

Comunidades

Este nuevo modelo de generar y gestionar la energía de forma colectiva resulta muy ventajoso para las comunidades. Es válido para cualquier colectivo, ya sea pequeño o grande: una asociación cultural, una cooperativa, una comunidad de vecinos…

Más sostenibles

Solo produce energía 100% renovable, con lo que colabora en la reducción de gases contaminantes a la atmósfera y en la lucha contra el cambio climático. La descarbonización es cosa de todos.

Más transparentes

A diferencia de las incomprensibles facturas de las grandes eléctricas, los socios de una comunidad energética saben siempre lo que pagan y por qué. Sin sorpresas.

La primera norma de una comunidad energética es que todos los miembros que la conforman sean dueños tanto de la energía como de las instalaciones que la producen. Es decir, copropietarios. Eso es, en realidad, lo que define esta innovadora forma de autoconsumo que va sumando partidarios día a día.

Este nuevo modelo resulta válido para cualquier colectivo o grupo humano, ya sea pequeño o grande, y al margen de la finalidad que tenga o de la actividad que desarrolle.

Todas las comunidades que lo adopten se beneficiarán de las mismas ventajas, que son muchas e importantes. Una de las principales son las económicas. La energía será más económica que la que proporcionan las grandes compañías eléctricas y eso puede reflejarse en un ahorro en la factura de hasta un 30%.

Pero los beneficios no acaban ahí. La sostenibilidad es otro punto clave. Al proporcionar energía 100% limpia y de KM 0, se contribuye a reducir las emisiones de CO2, con lo que se está luchando directamente contra el cambio climático. De ese modo, todos salen beneficiados: las personas, la comunidad, la zona donde se encuentra y el planeta. Es una buena forma de aplicar el lema “piensa globalmente, actúa localmente“.

Un tercer factor esencial tiene que ver con la libertad y la democracia. Por un lado, una comunidad energética evita depender de las grandes eléctricas. Por otro, gracias a su carácter colaborativo y a su funcionamiento, todos los socios tienen derecho a voto en cualquier decisión que se tome, por pequeña que sea o irrelevante que parezca.

En última instancia, pero no menos importante, cabe destacar que las comunidades energéticas fomentan el sentimiento de comunidad entre los socios.


Preguntas frecuentes

Tú y el resto de miembros de la comunidad sois los propietarios, tanto de los activos como de la energía generada. Lo sois desde la puesta en marcha del proyecto y para siempre.

El autoconsumo compartido es sólo una de las distintas iniciativas que pueden lanzarse a través de una comunidad energética. Es importante recalcar que la comunidad energética es un concepto más amplio, mucho más que una simple instalación renovable de uso comunitario. Se trata de un proyecto colaborativo y democrático cuyo objetivo último es beneficiar a una zona geográfica tanto a nivel económico como social y medioambiental.

Para ser miembro de una comunidad energética no es preciso contar con un espacio propio para instalar placas solares. La colaboración es la base del proyecto, así que los miembros que puedan contar con paneles fotovoltaicos podrán ponerlos al servicio del resto de la comunidad.

Son necesarios dos requisitos básicos. Para empezar, debe establecerse un sistema de autoconsumo compartido o alimentar plantas colectivas de generación de energía con un sistema fotovoltaico u otro tipo de energía renovable. Además, hay que gestionar y mantener dichas instalaciones y distribuir y almacenar toda la energía que se genere.